Love of string

Ese haz de luz que entra por la ventana dibujando un recuadro en el suelo y en el que distingue partículas que se expanden y se funden en un ritmo suave, casi al son de la música que suena en la habitación, es el que absorbe la atención de Lucía. «Sí, el suelo está sucio, hace varios días que no lo barro», asiento en silencio; ese mínimo hilo, casi imperceptible, que le une con la realidad, con el mundo que bulle detrás de la puerta de la habitación y el que palpita al otro lado de la ventana.

Sentada en una de las esquinas de su cama desvía la mirada para centrarla ahora en la ventana, con la persiana a medio subir. Así lleva desde hace media hora, desde que se levantó; cuando la primera luz del día comenzó a jugar con la persiana, a dibujar su reflejo de luz en el suelo por el que ahora asoma triunfante. Suena Moby en su móvil, cuyo sonido reproduce un pequeño altavoz. Love of strings. Amor por las cuerdas la llamó el gachó. Esa concreción suya, tan particular, asiente Lucía, que acaba de recordar el título mientras escucha la canción. Strings, musita. Cuerdas.

Como la que lleva anudada en el anular de su mano derecha. Blanca, sencilla. Una tontería, le dijo a su madre al reparar anoche en su mano derecha, cuando volvió a casa. Una tontería, musita mientras el sobrino bisnieto de Herman Melville acaricia las teclas con la suavidad que requiere el amanecer. Una tontería que ya dura un año. Se llama Marco y llena de felicidad cada instante de su día, cada minuto, cada segundo de su vida. No duda de que ya se lo habrá contado a su padre y de que éste se habrá encogido de hombros. Cosas suyas, le habrá respondido. Se entiende mejor con él que con ella. Su alma gemela.

Puede que más tarde, cuando regrese de la universidad donde cursa el último año de Arquitectura, le cuente que Marco y ella se casaron anoche en secreto y que se marcaron un baile bajo la luna sin más compañía que las mismas notas que Richard Melville arranca ahora a su piano, y que sonaban a través del altavoz del teléfono móvil que Marco dejó en el suelo. Guardará silencio. Cosas de los códigos. Una boda de la que la que no hay más recuerdo que la cuerda blanca que ambos llevan atada a su anular derecho. Cosas tuyas, le contestará con una sonrisa en los labios. Conoce a su hija, su cabeza amueblada y todo eso.

Lucía suspira. Love of strings, musita. El haz de luz se ha movido ligeramente. Ella también lo hace para regresar a la realidad.

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