Ese escarabajo verde

Tal que hoy hace 503 años la palmó Fernando el Católico. En Madrigalejo, provincia de Cáceres. Y la palmó de tanto darle al asunto. Esas cosas de casarse con una más joven que él —pero que mucho más joven. La interfecta, Germana de Foix, sobrina de Luis II de Francia, sólo 18 primaveras—. Y todo por esa manía de los reyes de dejar un heredero para que todo quede atado y bien atado. Así le fue.

Cuando Fernando decidió esposarse con Germana ya andaba por los 53 tacos, por lo que no estaba en edad de hacer el ganso, ni mucho menos de entregarse a arrebatos juveniles por un quítame allá ese heredero, pero a ello se puso; que, de palmarla, como así acabó ocurriendo, su heredera sería Juana, su hija, lo que no le hacía ni santa gracia. 53 años, repito. Hoy esas cosas se pueden arreglar de muchas maneras —que si pastillita azul por aquí y por allá—, pero entonces no había más solución que acudir a los remedios caseros; a esos métodos que se oían, que casi todos conocían, y en los que más de uno y de dos confiaban cuando se trataba de contentar a una parienta de menor edad, o para recordar tiempos gloriosos y añorados.

Lo que hizo Fernando. En este caso, fiar su suerte y la de su descendencia a un escarabajo. Concretamente a la cantárida, también conocida como mosca española, un escarabajo verde brillante cuyos restos, una vez muerto, seco y reducido a polvo, se utilizaban como vasodilatador. Sí, la pastillita azul del siglo XVI, de efectos muy parecidos. Y Fernando abusó de ella. Tanto, que cuentan las crónicas que el citado afrodisíaco le pudo provocar graves episodios de congestión, lo que derivó en una hemorragia cerebral.

¿Se ha podido demostrar? No. Ahora, que cada cual se lo crea o no. Eso sí, Jerónimo Zurita, cronista del Reino de Aragón, dejó escrito que el rey sufrió una grave enfermedad producto de un “feo potaje que la reina le hizo dar para más habilitarle, que pudiese tener hijos. Esta enfermedad se fue agravando cada día, confirmándose en hidropesía con muchos desmayos y mal de corazón: de donde creyeron algunos que le fueron dadas yerbas”. Y los que estaban a su alrededor no dudan de que sí, que la palmó de tanto meterse para el cuerpo con tal de dejar sus reinos a otro heredero que no fuera Juana.

En fin, que Fernando la palmó tal que hoy hace 503 años; Juana se convirtió en su heredera, aunque varias instituciones aragoneses no quisieron reconocerla así como así dada la complejidad de los fueros aragoneses; y años más tarde, el nieto de Fernando, un tal Carlos, dejó preñada a la que era su abuelastra, Germana, y le dio más faena que el abuelo sin duda alguna.

 

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