Una de impuestos medievales

Pregunta que lanzo: ¿pagamos demasiados impuestos? Según como se mire el asunto. Los autónomos, que hablen, que hablen.

Ahora, esto no es nada comparado con lo que tenía que aguantar el pueblo llano, o sea, el mindundi de turno, en la Edad Media. Tras las siguientes líneas, me juego lo que queráis a que no os volveréis a quejar en una temporada del IVA ni de lo que os descuentan por IRPF. Fijo, vamos; porque lo que pagamos en impuestos comparado con aquel fulano es un cuento para críos. Somos unos afortunados, no digo más. 

Para empezar, en la Edad Media los impuestos sólo los pagaba uno, es decir, aquel fulano. Ni la Corona, la nobleza ni el clero tenían que apoquinar nada. Como ahora, seguro que habrá pensado alguno/a. No me seáis malos. Decía que lo de la Edad Media en cuanto a los impuestos era algo hors catégorie, una patada en los huevos tras otra al pobre tipo que bastante tenía con preocuparse de qué llevarse a la boca para no ir derechito a la cama con el estómago pegando unos rugidos que acojonarían a un león.

Se pagaba por todo. Y cuando digo por todo, es por TODO. Bueno, menos por respirar y esas cosas, pero el resto… Para empezar, por aprovechar el agua con el que dar de beber a los animales —Alfarda— o el pasto que consumían —Herbaje—, pasando por el uso de las instalaciones del señor, ya fuera un molino o un horno —Banalidades—, por los primeros frutos de la tierra y del ganado, de los que había que entregar una cuadragésima y sexagésima parte, respectivamente, a la Iglesia —Primicias—, o por las guerras en las que se metía el rey —Fonsadera—, que alguien tendría que pagarlas y no iba a ser él, faltaría más. Bastante tenía con guerrear. Y ojo, hablando del rey, que si decía que quería visitar sus dominios por sus santos cojones —él y su corte, para que no se sintiera solo—, los viajes los tenía que costear el lugar que lo recibiera en forma de lo que se llamaba Cena. Algún noble pacense podría decir que una visita de Felipe II lo llevó a la ruina. 

Y así, nos podríamos tirar hasta mañana.

Para que nos volvamos a quejar.

 

 

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