La Batalla de Novara y la Marcha Radetzky

¿Estáis al tanto de que el 23 de marzo de 1849 acabó la batalla de Novara? Pues allí, tal que ese día tropas del Imperio austríaco y del Reino de Cerdeña dejaron de darse en el cielo de la boca. Que vale ya, cada uno para su casa, y listo.

La cosa hay que encuadrarla en el contexto de la Primera Guerra de Independencia de Italia: o sea, ciudades italianas —Milán o Venecia, por citas algunas—, que viendo lo que ocurría por Europa  —en Viena, sin ir más lejos. Lo que venía siendo el corazón del Imperio austríaco, vamos—, dijeron aquello tan español de qué hay de lo mío. Que si democracia para todos, que si justicia social, que si vale ya de tanto abuso, etcétera. En estas, viendo el percal, el Reino de Cerdeña se sacó de la manga que vale ya de tanto austríaco, que todos somos italianos y al enemigo —el austríaco, insisto—, ni agua. Y si no se da por enterado, hostialidades como panes.

En consecuencia, y más calientes que el palo de un churrero, los cabecillas de aquel reino se aliaron con todo aquel que levantó la mano para unirse a eso de qué pasa con lo mío. Los que dijeron que sí fueron los Estados Papales y el Reino de las Dos Sicilias, y entre los tres decidieron atizar de lo lindo a los austríacos en sus posesiones italianas, que eran la Lombardía y el Véneto, gobernadas por el mariscal Radetzky y el príncipe Windisch-Graetz, respectivamente.

El asunto no es que pintara muy allá para los italianos, toda vez que unos meses atrás —julio de 1848— los austríacos les sacudieron más que a una estera en la batalla de Custoza. Pero como dice el refrán aquel de el que la sigue, la consigue, en esta ocasión se lanzaron a por las tropas austríacas en Novara que dirigía el mariscal Radetzky.

A sus 83 palos, Joseph Wenzel Graf Radetzky von Radetz podía presumir de experiencia. A él le iban a ir con tonterías curtido como estaba en las guerras contra Napoleón. Así que pasó lo que tenía que pasar, que les dio a los italianos hasta en el cielo de la boca. Y eso que eran más —70.000 frente a 80.000, cuentan las crónicas—. pero la falta de hombres la suplió con la mejor disciplina de sus tropas. En definitiva, que el 23 de marzo de 1849 acabó la batalla de Novara. Meses después, la cosa se cerró de manera formal con un tratado de paz, etcétera.

¿Y?

Pues que el asunto llenó de emoción a Johann Strauss (padre), por lo que decidió dedicarle una marcha al mariscal, la Marcha Radetzky para que, además, nos levantemos todos el día de Año Nuevo —el que tenga ganas y se haya acostado a una decente, también hay que decirlo—. Lo mejor de todo es que, a pesar de que aquella marcha se hizo muy popular, ya no lo fue tanto cuando el mariscal se puso las pilas y se lio a repartir como si no hubiera un mañana al  movimiento revolucionario austriaco. Esas cosas que pasan.
Y ahora, a dar palmas, ale:

 

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