De la muerte de Marconi

Guglielmo Marconi, al que no son pocos los que atribuyen la invención de lo que hoy conocemos como radio, se largó de este valle de lágrimas el 20 de julio de 1937. Lo que quizás no sepáis es que la pudo palmar mucho antes. Concretamente, la noche del 14 de abril de 1912. ¿Os suena de algo la noche y de qué ocurrió en ese momento? Pues sí; tanto él como su mujer se libraron de estar criando lo que se críe en los fondos abisales.

Que la pareja se librara de irse al fondo del mar, matarile, lo relató su hija Degna. Por aquella época ―1912―, la familia vivía de alquiler en Southampton (Inglaterra), en una torre de tres pisos a la orilla del mar. Tanto ella como su madre subieron al último para ver pasar el enorme transatlántico. La peña saludándolas desde las cubiertas, alegría para el cuerpo, Macarena, aaay, y todo eso.

Lo que Degna no entendió en ese momento fue el apretón de manos de su madre, que casi le dejó sin dedos de la fuerza que imprimió al apretón. ¿Y eso? Porque Marconi y su esposa Beatrice habían sido invitados por la compañía ―la ya famosa White Star Line― a realizar el viaje inaugural del Titánic―. Sí, Marconi era una celebridad, el inventor de la telegrafía y tal. Se merecía eso y más. Pero resulta que estaba hasta arriba de curro y no podía dejarlo así como así, por lo que necesitaba la ayuda de un taquígrafo para sacarlo adelante. Para él trabajaba un tal Magrini, que no llevaba demasiado bien eso de montar en barco ―mareo va mareo viene. Un show―. El del Titanic era bueno, pero se enteró de que el del Lusitania era mejor, así que decidió cambiar el pasaje y embarcar en el Lusitania, que zarpaba tres días antes. La familia, sí, en el Titanic.

Pero ¿habéis prestado atención al detalle? El Lusitania partió para Nueva York tres días antes y Beatrice y su hija se encontraban en Southampton despidiendo al Titanic. ¿Cómo se come eso? Muy fácil: el hijo pequeño de los Marconi agarró unas fiebres de campeonato; de esas fiebres que anuncian lo peor, pero que también se pueden quedar en nada. Chi lo sa. Viaje suspendido. Beatrice telegrafió a su marido para informarlo. Que nos quedamos en tierra, porca miseria y todo eso. Beatrice agarró una pena de campeonato porque le hacía una ilusión que te pasas montar en el buque más moderno y lujoso de la época. De ahí aquel apretón de mano que le pegó a su hija.

Ya en Nueva York, Marconi se enteró del desastre del Titanic, y la Sociedad Eléctrica de la ciudad le homenajeó por todo lo alto, pues gracias a su invento se habían salvado algo más de 800 personas; gracias a su sistema de telegrafía inalámbrica, que llevó al Carpatia a rescatar a los supervivientes del Titanic.

Y nada, que Guglielmo Marconi la palmó el 20 de julio de 1937 en Milán. Ese día, todas las estaciones de radio del mundo interrumpieron sus emisiones al mismo tiempo durante dos minutos. Fue el silencio absoluto. No se merecía menos.

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