El culo inquieto del emperador Carlos V (y 2)

Como se ve que os hizo gracia el artículo que escribí hace poco relativo a los lugares en los que estuvo el emperador Carlos V un día cualquiera —el 1 de marzo en este caso— a lo largo de su vida, doblo la apuesta y en esta ocasión vengo con cifras a cascoporro; de esas para que, si os toca una pregunta de estas en el Trivial —si es que se sigue jugando— o algo parecido, quedéis como Dios.

La primera es elemental: ¿en qué país/territorio pasó más tiempo el emperador Carlos V a lo largo de su vida? En este caso, tampoco hace falta devanarse los sesos, pues si sumamos los años de su infancia y mocedad, los que fue allí porque tocaba, porque desde allí se iba a donde le tocara liarse a hostialidades con quien fuera por el imperio porque se la montaban también en aquellas tierras, o preparando la jubilación, el resultado no puede ser otro que su terruño de Flandes (vale, Países Bajos), donde pasó 9.674 días de su vida. O sea, un total de 26 años y medio. Sabiendo que se fue para el otro barrio con cincuenta y ocho palos y pico —siete meses el pico—, sale que algo más de la mitad de su peregrinar por este valle de lágrimas lo pasó en su terruño natal.

¿Y España? Aquí pasó entre unas cosas y otras un total de 6.399 días, o sea, unos diecisiete años y medio; 3.298 en tierras del Sacro Imperio Romano Germánico; 925 en Italia, Sicilia y Cerdeña; 214 en Francia; 50 días en Inglaterra —de sus tiempos de buen rollete con Enrique VIII, cuando su tía Catalina todavía contaba con el beneplácito del inglés; y porque le interesaba en sus hostialidades con el francés. O sea, Francisco I—; y 89 días en sus hostialidades con los musulmanes en Túnez y Argel.

Como curiosidad, el emperador pasó 152 días de su vida navegando por esas aguas de Dios que le llevaban de un lado para otro —Atlántico y Mediterráneo, tampoco nos comamos demasiado la cabeza—, ya fueran sus traslados desde la Península Ibérica a Flandes y viceversa, o cuando aquellas hostialidades con los musulmanes ya referidas.

Venga, que ahora seguimos para bingo. Si pregunto por la ciudad donde más le vieron el pelo, y más sabiendo la primera de todas las cifras que he dado, la ciudad no puede ser otra que Bruselas, como es lógico, con un total de 4.583 días repartidos en 26 estancias; seguida de Malinas —la infancia, pubertad y todo eso—, con 2.987 días en un total de 21 estancias.

Ahora, que la tercera ciudad en la que más tiempo permaneció en diferentes etapas a lo largo de su vida —11 en total— fue Valladolid. 1.052 días le vieron el pelo por allí al emperador. Ciudad en la que nació su churumbel, el segundo de los Felipe —el primero fue su padre, que la palmó cuando empezó a probar las mieles de eso de ser rey de Castilla jodiendo todo lo que pudo y más a su mujer, que era la legítima, para no compartir corona con ella; y que se llevaba a matar con su suegro. Todavía hay algunos que sospechan de él como responsable de ponerle a criar malvas—, con Toledo en quinta posición, con un total de 777 días repartidos en ocho estancias.

¿Y la cuarta? Augsburgo, con 781 días repartidos en cinco estancias. Allí tenía que acudir cuando las cosas en el imperio se le ponían chungas. Que se pusieron chungas, y más que chungas para él, en alguna que otra ocasión.

Ale, y os quejaréis todavía.

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