Vida del emperador Carlos V día a día: 19 de enero

Dicen que el hombre propone, y tal. Proponer, lo que se dice proponer, el emperador Carlos V propuso unas cuantas cosas tal que el 19 de diciembre de 1521, todas ellas referentes a Barcelona. La primera fue informar a los diputados de la General de Cataluña de que, en cuanto concluyera la Dieta —reunión, no cura de adelgazamiento, recuerdo— que le tenía entretenido en Worms, iría para allá. Más o menos para abril, calculaba él; y la segunda, escribir una carta a su lugarteniente, don Diego de Mendoza, para que se acercara a Barcelona y terminara ya con tanta tontería. De hecho, lo que los cronistas del emperador recogen de su actividad ese día es que aquel tipo «inmediatamente —o sea, echando hostias— vaya á Barcelona a remediar los escándalos y movimientos que se descubren».

Viene la cosa por lo de las Germanías, que no tiene nada que ver con ningún alemán, sino que se circunscribe a las revueltas de los gremios, cuyo punto de inicio fue Valencia, que desde tiempos de su católica majestad —o sea, Fernando—, tenían el privilegio de formar milicias por si los berberiscos venían hacia ellos con ganas de cachondeo. Gremios que comenzaron a tener cada vez más poder, así que se las tuvieron tiesas con la nobleza. La cosa se fue extendiendo por toda la Corona de Aragón y, claro, se lio parda. Hubo hostialidades que el emperador mandó detener a la manera de la época, o sea, a sangre y fuego. Tanto es así, que al no ser un movimiento que estuviera lo que se dice muy conjuntando, cada uno acabó haciendo la guerra por su cuenta, así que la cosa fue más sencilla de sofocar. De hecho, en aquel día al que me referí al comenzar estas líneas, jaleos en Cataluña, lo que se dice jaleos, bien pocos. No obstante, el emperador no quería más tonterías, que ya bastantes tenía.

Y tenía bastantes, porque si se encontraba en Worms era para ver si enderezaba el asunto con un monje llamado Lutero, que se los estaba tocando a dos manos. De hecho, si recordáis, el emperador hablaba de estar en Barcelona por el mes de abril, y a mediados de ese mes todavía se encontraba en Worms en plenas hostialidades con Lutero —y lo que te rondaré morena. Esa se contará cuando llegue el momento—, de la que no saldría hasta el 31 de mayo. A Barcelona tardaría bastante en ir, pero que bastante, pues luego se enzarzó con otros asuntos, y tal.

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