Breve historia del teléfono rojo

Un teléfono rojo. Así, visto con calma, es inofensivo. No muerde, tampoco ataca… Algo normal. Y, sin embargo, de este artefacto tan sencillo dependió la vida de todos los seres del planeta durante décadas.

Historia del teléfono rojoGracias a él, se evitó lo peor en numerosas ocasiones. Siendo lo peor, por poner un ejemplo, que nos hubiéramos evaporado ya hace tiempo en forma de cenizas tras una antológica ensalada de pepinazos nucleares. Por ejemplo, como digo. De ésa y unas cuantas más nos salvó este teléfono rojo de marras, que como tal entró en funcionamiento hoy hace cincuenta y tres años. Más que nada como elemento de comunicación directa entre el presidente de los Estados Unidos de América y el secretario general del Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Abreviando, entre los presidentes de las dos grandes potencias nucleares que se disputaban poder y áreas de influencia allá donde pudieran. La Crisis de los Misiles de 1962, cuando nos faltó lo que se dice un suspiro para marcharnos todos al otro barrio en un abrir y cerrar de ojos, sirvió para que rusos y americanos comprendieran la importancia de contar con un medio directo y sin interferencias. Una cosa rápida, así, para entenderse y decirse a la cara todo lo que, antes, se interpretaba tras traducir la oportuna nota de prensa, comunicado o discurso oficial. Más enrevesados que el recibo de la luz, dicho sea de paso.

Cable que transmitía mensajes escritos en sus inicios, línea satelital con posterioridad, ya en los años setenta, para compartir mapas, documentos, y lo que se terciara, arregló más de un malentendido. Ambos gobiernos negarán cuántas veces lo usaron, pero se sabe que, por lo menos, sí le dieron candela durante las guerras entre árabes e israelíes de 1967 y 1973 y la invasión soviética a Afganistán en 1979. Y, como suele pasar en estos casos, culo veo, culo quiero: con el tiempo países, como China decidieron tener su propio teléfono rojo con según qué interlocutores -que se sepa, con Estados Unidos y Rusia-, además de otros países cuyas tiranteces -India y Paquistán, sin ir más lejos- provocan más de un escalofrío cuando armas nucleares están de por medio. Incluso EE.UU. le propuso uno a pachas a Irán por idéntico motivo, a lo que Teherán dijo que gracias, pero no.

No obstante, el fetén, el que dio origen a películas tan delirantes como ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, de Stanley Kubrick, fue el que adoptaron americanos y soviéticos desde hoy hace cincuenta y tres años. Por lo que pudiera pasar.

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